PROSA LIGERA, REFINADA Y DE EXQUISITA TERNURA. LAS RENDIJAS DE LA VIDA

Pepa Aurora

Las rendijas de la vida

Leer las páginas de este libro ha sido una encantadora sorpresa que me ha devuelto la memoria de una vida. Es una obra para adultos y en mucho sin edad, que cautiva como cautiva un beso infantil a una flor, dispuesta a renunciar a su textura por el sutil roce. ¡Toda una lección de la infinita capacidad de las palabras para presentarse en su pequeñez llenas de vida, amor y sensibilidad!

Las rendijas de la vida poseen una prosa ligera, refinada, de exquisita ternura. Textos cortos, micro narraciones, que su autor nos presenta como si fueran páginas de un diario que juega con las palabras a contar recuerdos y a vibrar sentidos.

Me viene a la memoria, leído en alguna parte, que Borges, en una disertación de 1978 coincidía con otros escritores en que debemos leer sólo lo que nos agrada; en que un libro tiene que ser una forma de felicidad. Si consideramos este canon con el que medir la calidad de una obra, el libro de Juan Ferrera titulado Las rendijas de la vida es sin duda un gran libro. Lo es porque se lee con fluidez y regocijo interior, y también porque deja, además, un poso de confianza en el ser humano. Leyéndolo rememoro a grandes escritores que siguen impresionándome porque han sabido mostrar la esencia de la escritura y las claves de tu propia vida.

Imposible no dejarse cautivar por el creador brillante que ha transformado su memoria en nuestra memoria, por su lucidez, su agilidad verbal. Imposible no dejarse cautivar por el autor tierno. Incluso por el ocasionalmente melancólico y desencantado que sabe transmitir una realidad que no todos pueden ver; aunque todos le hayamos puesto rostro a sus protagonistas. En estas narraciones no sólo vemos a los personajes sino que sentimos los olores y los sabores, y vivimos algunas situaciones que ya teníamos olvidadas. Y lograr todo eso es un mérito inmenso del escritor.

No he podido evitar, por esa larga deformación profesional que poseo, lanzarle una mirada pedagógica al libro para situarlo en la escuela, y compartir sus enseñanzas con los niños. Que hermoso sería trabajar este libro en un Instituto e ir descubriendo cada día sus páginas con los muchachos. Sobre todo los objetos que nos rodean, las sensaciones, el valor de las personas, el sacrificio de muchos, el detalle del día a día, y aprender con ellos, rememorando al autor, Juan Ferrera, que “La vida era esto. Y no nos habíamos dado cuenta. El valor de lo cotidiano es lo que realmente nos pone los pies en el suelo.

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